¿Dónde está Zapatero? Esa es la gran pregunta que todos nos
hacemos, buscamos y rebuscamos como quien busca a Wally, pero no sabemos dónde
encontrarlo. Hay quien dice que está en Francia para hacer ciertas las
profecías de Sarkozy, hay quien dice que se ha perdido en un lejano safari,
otros aseguran que está refugiado en Fabero (provincia de León). Lo cierto es
que está triste y desconsolado, lloroso aseguran sus allegados. ¿Por qué?
Porque el paro sigue subiendo y no está él. Porque la deuda española se paga
más cara que nunca y no está él. Porque la bolsa alcanza mínimos históricos
(más mínimos y más históricos que cuando él gobernaba) y no está él. Porque internacionalmente
nos toman el pelo (véase Argentina) y no está él. Porque la monarquía está en
vías de extinción y no está él. Porque a él los cafés le costaban ochenta céntimos y a los del PP les cuestan dos euros. Y, sobre todo, porque está Semana Santa ha
hecho un tiempo de perros y tampoco estaba él.
Dicen las malas lenguas, o las lenguas bien informadas,
que Rajoy (el auténtico Wally de nuestros políticos) ha pedido desde su gira
por las Américas que regrese Zapatero. ¡Por
favor, José Luis, vuelve!

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