domingo, 15 de enero de 2012

HACIA LA DESOBEDIENCIA FINANCIERA

¿Por qué nadie actúa contra esta crisis? ¿Por qué nadie lucha contra el miedo que intentan inculcarnos de manera burda y esperpéntica las agencias de calificación y los inversores bursátiles? Porque todos los implicados, todos los que tienen capacidad para tomar medidas contra estas agencias, están sacando un rendimiento extraordinario con su actuación. Quienes mandan (teóricamente) en Europa, Alemania y Francia, están encantados de tener la escusa perfecta para aplicar medidas de recorte del gasto público y dar un paso de gigante hacia su ideología del capitalismo extremo en el que el Estado deje de lado su deber protector de los ciudadanos y lentamente pierda toda su funcionalidad social. Los bancos, los más listos de la clase (entiéndase listo no como inteligente, sino como sinvergüenza), piden dinero a papá Estado (los capitalistas son así, cuando les interesa sí hay que recurrir al Estado) y al BCE a un interés del 1% para comprar deuda de esos mismos países que le prestan dinero pero con una rentabilidad mínima del 3,5%. Los mercados financieros y los inversores tampoco hacen nada porque en su gran mayoría están en manos de los bancos y de las propias agencias de calificación y además han descubierto que lo verdaderamente rentable son las crisis (inflar un producto: las hipotecas, las nuevas tecnologías, la deuda de los países, etc.; para luego hundirlo). Y por último estamos los ciudadanos que podríamos salir a la calle y reventar el orden social, o podríamos negarnos a seguir operando con los bancos (los verdaderos ladrones en todo este asunto) y dejar nuestras cuentas a cero o aplicar masivamente la desobediencia financiera hasta que las entidades bancarias recuerden que somos clientes y no productos, pero que no nos atrevemos porque tenemos  miedo, miedo a que todo  se desplome, a que el cajero no nos dé dinero, a que la tarjeta de crédito nos la cancelen, a perder nuestros salarios precarios, miedo, miedo, miedo… Se han ocupado, con extraordinaria eficacia, de inculcarnos ese pánico a que las cosas dejen de funcionar como funcionan, han abducido nuestras mentes con esa máxima inmovilista que dice: las cosas son así porque tienen que ser así. Por ahora el negocio les está saliendo redondo, hay que reconocer que son unos genios retorcidos y que en la meta propuesta, hacerse cada vez más ricos, no tienen rival. Nos hacen vivir con el miedo y mientras  nos van apretando más y más las tuercas. Sin embargo, deberían andarse con cuidado, porque  del miedo se pasa al pánico y cuando cunde el pánico la cosa se descontrola y nada es previsible y puede que un día descubran que hemos vaciado las cuentas corrientes o que nos negamos a pagar las facturas y enarbolamos la bandera de la desobediencia financiera. Quién sabe si esto sucederá o no, es probable que no, pero es posible que sí. Al menos servirá para pagarles con la misma moneda, con ese miedo que tanto les gusta.