Menos mal que en Madrid tenemos a Esperanza Aguirre. Sí, menos mal por qué a quién no le ha surgido, alguna vez, la imperiosa necesidad de comprarse el último modelito de Custo o de Agatha el primero de mayo o, peor aún, a las cuatro de la mañana, esas horas en la que uno no sabe qué ponerse. Y quien dice un modelito fashion, dice el último gadget tecnológico, el perfume de la Shakira, unas botas para hacer trekking o un par de yogures con bífidus. Pues la Presidenta ha terminado con los desvelos de sus ciudadanos y ahora podremos ir a comprar lo que queramos cuando queramos (eso los que no estén en paro, claro). Sí, menos mal que tenemos a Esperanza Aguirre, que se preocupa por los verdaderos problemas de los madrileños y no anda perdiendo el tiempo con demagogias y falsos idealismos. Para qué solucionar la educación o la sanidad o el medioambiente, eso son patochadas que solo sirven para llenar La Puerta del Sol de indignados y otros especímenes tóxicos. Lo que hay que hacer es convertir a Madrid en la gran ciudad de las compras de Europa (aunque nuestro salario medio sea el tercero más bajo de toda la Unión Europea) teniendo los horarios más flexibles del continente, ignorando los derechos a disfrutar de días festivos de los trabajadores del sector y machacando al pequeño comercio que no podrá competir contra las grandes superficies. Supongo que el siguiente paso será la apertura del Metro las 24 horas (para que podamos abarrotar las tiendas) y otro tanto ocurrirá con las oficinas bancarias (donde podremos pedir un crédito exprés para seguir comprando). Espero que pronto también liberalice los horarios de la administración pública y que cualquiera pueda acudir a resolver una gestión administrativa un domingo a las tres de la madrugada, eso sí, después de pasar por el Zara.

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