Retomo este blog, tras un breve inicio y un largo parón, con la intención de compartir ciertos hechos que me producen no solo indignación, sino también asombro y estupefacción, para saber si otros me los pueden aclarar o para confirmar que no soy el único al que no le da, que somos unos cuantos los que no entendemos nada de nada.
El domingo fueron las elecciones y han perdido unos y ganado los otros y todo sigue como siempre porque no importa demasiado que estén unos o los otros cuando ambos tendrán que claudicar ante las imposiciones de esa fatalidad contemporánea a la que los tecnócratas llaman mercados sin dar nombre y apellidos. El domingo fueron las elecciones y unos y otros, y los resucitados y los nuevos, todos, aseguraban con solemnidad que desde hoy, hoy mismo, el día siguiente a la recolecta de voluntades, se pondrán a trabajar para que todos, los unos, los otros, los resucitados y los nuevos, incluso nosotros, salgamos de la crisis. Me parece estupendo. Aplaudo su entrega y su esfuerzo. Puede que sea verdad que entre los unos y los otros y los resucitados y los nuevos y nosotros se pueda salir de ese agujero negro al que la fatalidad nos ha empujado. Y si no se consigue al menos que nadie pueda decir que no se ha intentado. Sin embargo, no es verdad. No es verdad que desde hoy mismo, ese mañana que Mariano Rajoy aseguraba: “ya estaré trabajando”, se hayan puesto a solucionar nada. Hace un mes se disolvieron las Cortes, hasta dentro de un mes no tomarán posesión de sus escaños los ayer elegidos y un par de días más tarde todos ellos, los unos, los otros, los resucitados y los nuevos, todos ellos, nosotros no, se irán de vacaciones de Navidad, que en el Congreso duran aproximadamente otro mes. Así que si hacemos caso de la aritmética, entre pitos y flautas, los señores diputados se tomarán tres meses de descanso. No está mal para pretender solucionar una situación tan caótica como la actual. No está mal cuando al resto de ciudadanos nos piden esfuerzo y esfuerzo y esfuerzo. No está mal cuando a los demás o nos despiden o nos congelan el sueldo o nos aumentan la jornada laboral o nos dicen que este mes no cobramos, que ya se verá para el siguiente. Eso es dar ejemplo, tres meses de parón parlamentario en pleno hecatombe económico. Claro que habrá quien me diga que la ley lo estipula así y que hay que cumplir los tiempos marcados. Esa excusa serviría si este mismo año no nos hubieran demostrado que hasta la intocable y sacrosanta Constitución se puede modificar en una calurosa tarde del mes de agosto, bajo la sombrilla y con un refrescante tinto de verano. Si a mí como ciudadano me piden esfuerzo, esfuerzo y esfuerzo, no estaría mal que ellos, los unos, los otros, los resucitados y los nuevos practicaran con el ejemplo y se pusieran a trabajar desde ya, trabajo por hacer no les falta. Al menos que, como sospechamos muchos, realmente su trabajo no sirva para nada porque las decisiones las toma quien las toma que, desde luego, no son los unos ni los otros ni los resucitados ni los nuevos.

Pues a mi tampoco me da, y eso que tengo un doctorado y todo... Ahora pienso que mis padres tenían razón: no elegí bien mi carrera. Aunque estando las cosas como están, hubiera dado igual... ¿No hay oposiciones a diputado???? ¿convocarán para el 2012? ¿qué títulos se necesitan? Ah... que para eso tampoco me da (la jeta, claro)... cachis...
ResponderEliminarMe alegro por tu vuelta...